domingo, 11 de mayo de 2014

Martín Fierro

Hola a tod@s mis queridos alumnos de 5º año:


Aquí les dejo el material que deben leer y escuchar antes de leer el Martín Fierro. En la solapa superior denominada Biblioteca Virtual encontrarán la obra completa
El gaucho Martín Fierro, de José Hernández, se publica en 1872 en forma de folletín. En 1879 se publica la segunda parte, la Ida.
¿Por qué el Martín Fierro se considera la epopeya nacional y es de lectura obligatoria en las escuelas argentinas? ¿Por qué el gaucho Martín Fierro se convirtió en héroe nacional?
Hacia 1910, primer Centenario de la Revolución de Mayo, el crecimiento de la inmigración y la consecuente mezcla de culturas y afluencia de ideologías diferentes preocupa a nuestros políticos: era necesario construir un sentimiento de pertenencia e identificación para la gran cantidad de extranjeros que habitaban el país. Fue Leopoldo Lugones quien en 1913 durante una conferencia en el Teatro Odeón propuso al Martín Fierro como el poema épico nacional. Coincidentemente, se crea en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA la cátedra de Literatura Argentina; Ricardo Rojas, su primer profesor, diría que
el Martin Fierro es para los argentinos lo que la Chanson de Roland para los franceses y el Cantar de Mio Cid para los españoles, es decir el poema épico nacional.
Los gauchos, clase social relegada y denigrada por los sucesivos gobiernos, que habían sido carne de cañón durante la guerra de la llamada Triple Alianza contra el Paraguay (1865-1870) se convertían así en ícono de la argentinidad. Sin embargo, así como la apertura a la inmigración no atrajo a los inmigrantes de Europa del norte como esperaban sus ideólogos, la construcción discursiva del gaucho Martín Fierro como prototipo nacional tuvo su consecuencia no deseada cuando los anarquistas vieron en este gaucho a un rebelde.
TN. Noticias de la historia: programa dedicado a la obra Martín Fierro y a su autor José Hernández


Canal Encuentro











Ley de leva:
Se concebía al gaucho como el elemento haragán y pendenciero que depredaba al ganado y vagaba por las tierras. Tierras que pertenecían, o se creían con derechos sobre ellas, a los propietarios de saladeros y grandes estancias. Los terratenientes se encontraban ante graves problemas: por un lado, la presencia de los indígenas y por el otro, la falta de mano de obra y soldados y, la necesidad de incorporar al gauchaje al sistema capitalista que buscaban imponer. Los gobiernos “provinciales” (los territorios provinciales aún no estaban definidos) y el gobierno nacional, administrado por los mismos miembros del sector terrateniente, trataron de resolver el problema indígena propiciando campañas militares que buscaban la expulsión de los indígenas de los territorios que ocupaban y el establecimiento de una línea de fortines. La escasez de mano de obra y de soldados se resolvió a través de la sanción de las leyes de Vagos o de Leva.
A través de la ley de Leva, se trató de combatir el nomadismo, el vagabundeo y la delincuencia rural estableciendo que todo varón entre 18 y 40 años que no tuviera propiedad, careciera de domicilio fijo, que no pudiera demostrar ocupación alguna (los gauchos podían demostrar su ocupación a través de un documento, denominado papeleta de conchabo, emitido por el patrón y que certificaba su relación de dependencia), sería detenido, puesto a disposición de las autoridades y destinado al desarrollo de obras públicas o a cumplir servicio militar en la frontera con el indio.
El Código Rural de la provincia de Buenos Aires (1865), redactado por Valentín Alsina, asesorado por una comisión de hacendados, retomó muchas de las disposiciones de la Ley de Leva. Así, el gaucho era incorporado obligatoriamente al mercado de trabajo y a la función de soldado.
La escasez de mujeres, el hambre, las penosas condiciones de existencia, los atropellos de los superiores, provocaban que muchos soldados desertaran y vivieran huyendo en las tierras de los “cristianos” o que se integraran a las tolderías.
Según establecía la ley, los soldados debían ser recompensados con la paga de un salario, pero éste nunca llegaba o se perdía por el camino y, en ocasiones, llegaba muy tarde… ya cuando el destinatario había sido muerto en combate.
Adaptado de abc.gov.ar.

El autor:José Hernández (1834-1881)

Su padre se llamaba Rafael y pertenecía a una familia federal; su madre era Isabel Pueyrredón y pertenecía a una familia unitaria; nació en Perdriel, hoy partido de San Martín. Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político. Al igual que Pedro Rosas (hijo adoptivo de Juan Manuel de Rosas), se une a las fuerzas de Hilario Lagos, militar rosista alzado contra el gobierno unitario de Valentín Alsina. En 1860 conoce a Sarmiento. Tras el asesinato de el “Chacho” Peñaloza, caudillo riojano que había luchado contra el centralismo del presidente Bartolomé Mitre, Hernández publica una serie de artículos en el diario “El Nacional Argentino”, en los cuales ataca a Sarmiento. El enfrentamiento con Sarmiento, presidente durante 1868 a 1874, lo obliga a refugiarse en Montevideo; su cabeza valía $1.000.
En el orden legislativo se desempeñó como diputado, y luego, como senador de la provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa con Dardo Rocha en la fundación de La Plata (el nombre de la ciudad fue iniciativa de Hernández) y, siendo presidente de la Cámara de Diputados (1879), defendió el proyecto de federalización por el que Buenos Aires pasó a ser la capital del país.
Fuentes.
“José Hernández. Biografía”, en Olimpiadas Nacionales de Contenidos Educativos en Internet
Felipe Pigna. Los Mitos de la Historia Argentina 2, Buenos Aires, Planeta. 2004.

Después de leer la obra deberán realizar el siguiente trabajo práctico. Para eso hagan clic aquí


Nos seguimos leyendo!


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Gracias por tu comentario